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Mostrando las entradas etiquetadas como Siglo XVIII

LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN (1760-1828)

                Como afrancesado colaboracionista, fue nombrado bibliotecario de la Biblioteca Real por José Bonaparte, pero con la derrota de los franceses terminó exiliándose en Francia, algo similar, con diferente geografía, a lo que tuvo que pasar Jovellanos.                En su poesía, y a pesar de someterse a las normas clásicas, hay huellas de Horacio y un tono que puede calificarse de prerromántico. En prosa, al margen de La derrota de los pedantes (1789), contra los malos poetas, sobre todo los barrocos, escribió el erudito tratado Orígenes del teatro español .                Pero su importancia y su prestigio le vienen de su condición de dramaturgo, a pesar de que su producción no es abundante y sus traducciones de Shakespeare o de Moliére, de quien toma tipos y escenas, muy escasas. Sus temas...

JOSÉ CADALSO (1741-1782)

Cadalso podría considerarse el último de los ilustrados y el primero de los románticos.             Como ilustrado , es un autor cosmopolita que viajó a Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, antes y después de la muerte de su padre, sucedida cuando él tenía 20 años. Alternó, en diferentes épocas de su vida, con célebres ilustrados como Moratín, Iriarte, Forner o Meléndez Valdés, y se relacionó mucho con el Conde de Aranda, importante ministro de Carlos III. Como militar (llegó a coronel) participó del ideal humanista del poeta soldado, por más que, muy románticamente, le costase la vida a temprana edad.             En sus Cartas marruecas es donde mejor se aprecia su espíritu ilustrado. Escritas en Salamanca en 1774, fueron publicadas por entregas en 1793 en El Correo de Madrid , a imitación de las Cartas persas de Montesquieu.       ...

Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias

Por G. M. de Jovellanos. No temáis, hijos míos, que para inclinaros al estudio de las buenas letras trate yo de menguar ni entibiar vuestro amor a las ciencias. No por cierto; las ciencias serán siempre a mis ojos el primero, el más digno objeto de vuestra educación; ellas solas pueden comunicaros el precioso tesoro de verdades que nos ha transmitido la antigüedad, y disponer vuestros ánimos a adquirir otras nuevas y aumentar más y más este rico depósito; ellas solas pueden poner término a tantas inútiles disputas y a tantas absurdas opiniones; y ellas, en fin, disipando la tenebrosa atmósfera de errores que gira sobre la tierra, pueden difundir algún día aquella plenitud de luces y conocimientos que realza la nobleza de la humana especie. Mas no porque las ciencias sean el primero, deben ser el único objetivo de vuestro estudio; el de las buenas letras será para vosotros no menos útil, y aun me atrevo a decir no menos necesario. Porque ¿qué son las ciencias sin su au...

Un cuento de terror del Padre Feijoo

Jerónimo Feijoo, Cartas eruditas . Entierros prematuros Con ocasión de haber enterrado, por error, a un hombre vivo en la villa de Pontevedra, reino de Galicia, se dan algunas luces importantes para evitar en adelante tan funestos errores      «Señor mío: Con ocasión de la tragedia que acaba de suceder en ese pueblo, se lastima vuestra merced, de que leyendo todo el mundo con gusto mis escritos, en ninguna manera se aprovecha de sus más importantes advertencias. El caso es, sin duda, lamentable. Un vecino de esa villa, que tenía el oficio de escribano, acometido de un accidente repentino, dio consigo en tierra, privado de sentido y movimiento. Después de las comunes pruebas para ver si estaba vivo o no, fue juzgado, muerto y le enterraron, pasadas catorce horas no más después de la invasión del accidente. Al día siguiente se notó que la lápida que le cubría estaba levantada tres o cuatro dedos sobre el nivel del pavimento. Esta novedad dio motivo par...

Costumbrismo asturiano

G. M. de Jovellanos, Cartas a Ponz Romería de Asturias    Amigo y señor: Habiendo hablado de tantas cosas serias, permítame usted que le hable una vez siquiera de cosas alegres y entretenidas, y le dé alguna idea de las únicas diversiones que conoce el pueblo de este país. Tengo indicado mi dictamen acerca de la escasa suerte de nuestros labradores, y es justo que ahora diga algo de la única recreación que se la hace llevadera.    Ya inferirá usted que no le voy a hablar de teatros o espectáculos magníficos, pues por la misericordia de Dios no se conocen en este país. Las comedias, los toros y otras diversiones tumultuosas y caras, que tanto divierten y tanto corrompen a otros pueblos reputados por felices, son desconocidas aun en las mayores poblaciones de esta provincia.    Se puede decir que el pueblo no tiene en Asturias más diversiones que sus romerías, llamadas así porque son unas pequeñas peregrinaciones que en días determinados y ...

¿A favor o en contra del Quijote?

José Máría Blanco White, Sobre el placer de las imaginaciones inverosímiles . La afición de los españoles a obras escritas en estilo oriental y llenas de ficciones de encantos y de seres sobrenaturales abrió en mal hora la puerta a mil extravagancias en la multitud de libros de Caballerías. la inmortal obra de Cervantes hizo en breve que su nación diese en el extremo opuesto; y, de no gustar más que de hechicerías y vestiglos, viniese a caer en una apatía de imaginación que no da ni admite una vislumbre del fuego que el clima y los árabes les comunicaron en otro tiempo. Yo confieso que, a pesar de mi admiración del Quijote , he tenido por muchos años la sospecha de que sus efectos morales y literarios no fueron favorables a la nación española. Esta sospecha crece en mí de día en día. (…) El placer de las ficciones que nos transportan a un mundo imaginario, poblado de seres superiores al hombre y sujeto a otras leyes que las inmudables de la naturaleza visible, es tan natu...

Dos fábulas de Samaniego

El perro y el cocodrilo Bebiendo un perro en el Nilo al mismo tiempo corría. —Bebe quieto—le decía un taimado cocodrilo. Díjole el perro prudente: —Dañoso es beber y andar, ¿pero es sano el aguardar a que me claves el diente?. ¡Oh, qué docto perro viejo! Yo venero tu sentir en esto de no seguir del enemigo el consejo. El asno y el caballo Iban, mas no sé adonde ciertamente, un caballo y un asno juntamente; este cargado, pero aquel sin carga. El grave peso, la carrera larga causaron al borrico tal fatiga, que la necesidad misma le obliga a dar en tierra. «Amigo compañero, no puedo más, decía; yo me muero. Repartamos la carga, y será poca; si no, se me va el alma por la boca.» Dice el otro: «Revienta enhorabuena: ¿Por eso he de sufrir la carga ajena? Gran bestia seré yo si tal hiciere. Miren y qué Borrico se me muere.» Tan justamente se quejó el jumento, que expiró el infeliz en el momento. El caballo conoce su peca...

Bucolismo neoclásico

José Marchena, traducción de Tibulo , Elegía primera del libro segundo Los frutos y los campos consagremos; Únanse vuestras voces a la mía, Y el rito antiguo alegres celebremos. ¡Oh Baco! ¡oh santo dios de la alegría! De pámpanos la frente coronada Ven; y tú, madre Ceres, tú le guía. Repose el labrador y la cansada Tierra en el día solemne, y cuelgue ociosa La dura reja a la labor usada. Libres los bueyes sean de la penosa Coyunda, y sueltos pasten, coronados De adelfa entrambos cuernos y de rosa. Todos nuestros afanes sean sagrados; Matronas y doncellas en tal día Descansen de la rueca y los hilados. ¡Lejos del ara los que la ambrosía En la pasada noche habéis gustado Y el néctar de la diosa de Idalía! Pureza y castidad han agradado Siempre a los dioses; puro sea el vestido; Cada uno en lustral agua sea lavado. Ved cuál al sacrificio conducido El cándido escuadrón lleva al cordero, Y de lauro el cabello va ceñido. Deidades tut...

El derecho a la fiesta

Este pueblo necesita diversiones, pero no espectáculos. No ha menester que el gobierno le divierta, pero sí que le deje divertirse. En los pocos días, en las breves horas que puede destinar a su solaz y recreo, él buscará, él inventará sus entretenimientos; basta que se le dé libertad y protección para disfrutarlos. Un día de fiesta claro y sereno en que pueda libremente pasear, correr, tirar a la barra, jugar a la pelota, al tejuelo, a los bolos, merendar, beber, bailar y triscar por el campo, llenará todos sus deseos y le ofrecerá la diversión y el placer más cumplidos. ¡A tan poca costa se puede divertir a un pueblo, por grande y numeroso que sea! Sin embargo, ¿cómo es posible que la mayor parte de los pueblos de España no se divierten en manera alguna? Cualquiera que haya corrido nuestras provincias habrá hecho muchas veces esta dolorosa observación. En los días más solemnes, en vez de la alegría y bullicio que debieran anunciar el contento de sus moradores, reina en las cal...

España en perspectiva

José Cadalso, Cartas marruecas . CARTAS XX y XXI De Ben-Beley a Nuño Veo con sumo gusto el aprovechamiento con que Gazel va viajando por tu país y los progresos que hace su talento natural con el auxilio de tus consejos. Su entendimiento solo estaría tan lejos de serle útil sin tu dirección, que más serviría a alucinarle. A no haberte puesto la fortuna en el camino de este joven, hubiera malogrado Gazel su tiempo. ¿Qué se pudiera esperar de sus viajes? Mi Gazel hubiera aprendido, y mal, una infinidad de cosas; se llenaría la cabeza de especies sueltas, y hubiera vuelto a su patria ignorante y presumido. Pero aun así, dime, Nuño, ¿son verdaderas muchas de las noticias que me envía sobre las costumbres y usos de tus paisanos? Suspendo el juicio hasta ver tu respuesta. Algunas cosas me escribe incompatibles entre sí. Me temo que su juventud le engañe en algunas ocasiones y me represente las cosas, no como son, sino cuales se le representaron. Haz que te enseñe cuantas carta...

Los géneros del siglo XVIII

1.        PROSA a.        PROSA NARRATIVA                                                                              i.      Diego de Torres Villarroel, Vida                                                                ...