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Mostrando las entradas etiquetadas como Romanticismo

Gustavo Adolfo Bécquer, 'El Miserere'

Hace algunos meses que, visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su abandonada biblioteca, descubrí en uno de sus rincones dos o tres cuadernos de música bastante antiguos cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones. Era un Miserere. Yo no sé la música, pero la tengo tanta afición que, aun sin entenderla, suelo coger a veces la partitura de una ópera y me paso las horas muertas hojeando sus páginas, mirando los grupos de notas más o menos apiñadas, las rayas, los semicírculos, los triángulos y las especies de etcéteras que llaman claves, y todo esto sin comprender una jota ni sacar maldito el provecho. Consecuente con mi manía, repasé los cuadernos, y lo primero que me llamó la atención fue que, aunque en la última página había esta palabra latina, tan vulgar en todas las obras, finis, la verdad era que el Miserere no estaba terminado porque la música no alcanzaba sino hasta el décimo versículo. Esto fue, sin duda, lo ...

Goethe, 'Werther'

30 DE AGOSTO. ¡Infeliz! ¿No eres un loco? ¿No te engañas a ti mismo? ¿Adónde va esta  tumultuosa pasión sin fin? No tengo otra aspiración más que ella; mi imaginación no ve otra figura sino la suya, y todo el mundo a mi alrededor lo veo solamente en relación con ella. Y esto me procura entonces horas tan felices… ¡hasta que me tengo que volver a separar de ella! ¡Ay, Guillermo!, ¡adónde me empuja mi corazón! Cuando llevo sentado a su lado dos o tres horas, y me he apacentado en su figura, en sus ademanes, en la expresión celestial de sus palabras, cada vez con mis sentidos más en tensión, mis ojos se ensombrecen, apenas oigo, y siento como si un malhechor me estrangulara; luego, mi corazón, con latidos locos trata de dar respiro a los sentidos oprimidos, y no hace sino aumentar su confusión…¡Guillermo, muchas veces no sé si estoy en este mundo! y —si a veces la melancolía no prevalece, y Carlota me concede el consuelo misericordioso de desahogar en llanto mi aflicción entre sus man...

Ligeia, de Edgar Allan Poe

Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad. -Joseph Glanvill Juro por mi alma que no puedo recordar cómo, cuándo ni siquiera dónde conocí a Ligeia. Largos años han transcurrido desde entonces y el sufrimiento ha debilitado mi memoria. O quizá no puedo rememorar ahora aquellas cosas porque, a decir verdad, el carácter de mi amada, su raro saber, su belleza singular y, sin embargo, plácida, y la penetrante y cautivadora elocuencia de su voz profunda y musical, se abrieron camino en mi corazón con pasos tan constantes, tan cautelosos, que me pasaron inadvertidos e ignorados. No obstante, creo haberla conocido y visto, las más de las veces, en una vasta, ruinosa ci...

Teatro romántico

Aunque también practicaron la comedia costumbrista, de tipos, los dramaturgos románticos ensayaron, sobre todo, el género dramático, casi siempre basado en figuras históricas o legendarias, con frecuencia medievales, contrario por principio al sometimiento de las tres unidades y amigo de subtramas y sorpresas, y más acción grandilocuente que profundidad psicológica. Escrito en verso, y salvo en el caso de Zorrilla, resulta un teatro retórico y pomposo, con excesiva inclinación al patetismo y a los versos rimbombantes.                Martínez de la Rosa, el Duque de Rivas y Eugenio Hartzembusch escriben sus obras más célebres entre 1834 y 1837, el momento culminante del romanticismo en España, y Zorrilla triunfará diez años más tarde, cuando el romanticismo en sentido estricto ha dado paso en Europa a los primeros intentos de realismo y de modernidad. MARTÍNEZ DE LA ROSA es casi más célebre como político lib...

Espronceda, 'Canto a Teresa'

Descansa en paz ¿Por qué volvéis a la memoria mía, Tristes recuerdos del placer perdido, A aumentar la ansiedad y la agonía De este desierto corazón herido? ¡Ay! que de aquellas horas de alegría Le quedó al corazon sólo un gemido, Y el llanto que al dolor los ojos niegan Lágrimas son de hiel que el alma anegan. ¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas De juventud, de amor y de ventura, Regaladas de músicas sonoras, Adornadas de luz y de hermosura? Imágenes ce oro bullidoras. Sus alas de carmín y nieve pura, Al sol de mi esperanza desplegando, Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando. Gorjeaban los dulces ruiseñores, El sol iluminaba mi alegría, El aura susurraba entre las flores, El bosque mansamente respondía, Las fuentes murmuraban sus amores. . . ¡Ilusiones que llora el alma mía! ¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído El bullicio del mundo y su ruido! Mi vida entonces, cual guerrera nave Que el puerto deja por la vez primera, Y al s...