Gracias a las apuestas deportivas en pocos años la ludopatía en nuestro país ha crecido un 25%. Hay varias explicaciones al fenómeno: la multiplicidad de lugares donde apostar, la relación que existe entre el fútbol y las apuestas, lo fácil que resulta, la inmediatez de los resultados y, sobre todo, la llegada de un nuevo grupo de adictos (los jóvenes, incluidos los menores de edad). Esto último, especialmente preocupante, es culpa de todos aquellos que hacen la vista gorda a la existencia de jugadores por debajo de la edad legal. Es culpa de quienes, estando obligados a pedir el DNI, no lo piden. Es culpa de quienes envían captadores a las puertas de los institutos para explicar a los menores qué deben hacer para apostar. Es culpa de quienes sabiendo que el amigo -o el hijo- es menor le permiten utilizar su cuenta. Es culpa de quienes miran a otra parte bajo aquel manido pretexto de «mi hijo no es así». Y, por supuesto, es culpa del famoso de turno que se presta a incitar al juego a t...
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