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Entradas

Un señor muy viejo con unas alas enormes

Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas. Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño e...

Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al...

El olor de las tormentas

Por Vicente Aupí Uno de los recuerdos típicos que guarda la gente de su infancia es el del agradable olor a tierra mojada después de una tormenta de verano. Es uno de esos olores que nuestra memoria parece archivar para siempre y que reviven cada cierto tiempo para evocar algunas de nuestras más entrañables vivencias, como sucede con el pan recién horneado o con la fragancia de algunos perfumes, que podemos identificar fácilmente incluso después de varios años sin percibirlos. En la canícula huele a tierra mojada muchas tardes, cuando tras una mañana soleada los   cumulonimbus , las grandes nubes de desarrollo vertical, descargan chaparrones inesperados que remueven la tierra seca. En ella hay una sustancia llamada   geosmina , que al mojarse con la lluvia impregna el ambiente de ese característico olor que todos conocemos. Lo más curioso, que desconoce mucha gente, es que la geosmina es producida por una bacteria, la   Streptomyces coelicolor , microorganismo bi...

Ejercicios de morfología

1. TIEMPO   MODO ASPECTO R/I realizaseis protagonizaríamos representen descubríamos encargasteis 2. 2ª p. s. presente de subjuntivo de desplegar 1ª p. pl. pasado simple de subjuntivo de resonar 3ª p. pl. condicional simple de discutir 2ª p. pl. perfecto simple de despistar 1ª p. s. futuro imperfecto de subjuntivo de reconocer 3. Construye una oración coherente con tres de las cuatro formas anteriores. 4. Define la palabra, atendiendo al significado de sus lexemas, y aporta un ejemplo nuevo. eufemismo sincronía mesocracia ...

Un reportaje de divulgación científica

‘Celia’ no logra resucitar Científicos españoles no consiguen clonar al último bucardo en su segundo intento. Esta cabra montés se extinguió en 2000 y desde entonces tratan de recuperarla. JAVIER SALAS, El País , 15/12/2014 El 20 de abril de 1999, el mismo día que dos chavales masacraban a sus compañeros en Columbine (EE UU), un equipo de biólogos y veterinarios del Parque de Ordesa (Huesca) capturaba a Celia, el último bucardo vivo. El grupo tomó muestras de la piel de la punta de la oreja izquierda y del costado, en un último intento de conservar su material genético. Esta subespecie de cabra montés llegó a superpoblar los Pirineos, pero el ansia de los cazadores la hizo desaparecer en 1910 en la parte francesa y al borde de la extinción en la década de 1990 en la parte española. Finalmente, el día de Reyes de 2000, se encontraba el cadáver de Celia, dando a los bucardos por desaparecidos para siempre. Pero esta cabra volvería a resucitar tres años más tarde, cua...

Un cuento modernista

El miedo Ramón del Valle Inclán Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona ; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que era...